Escuchar este artículo Voz: Antonio · AutoNews24

Los satélites ya pueden detectar desde el espacio alteraciones en la biomasa, la estructura del dosel y el funcionamiento de bosques tropicales ubicados en regiones de difícil acceso.

Esta tecnología ofrece una herramienta fundamental para supervisar grandes extensiones naturales y evaluar el cumplimiento de las metas internacionales de protección de la biodiversidad. Sin embargo, los científicos advierten que todavía no puede sustituir las observaciones realizadas directamente sobre el terreno.

Una revisión científica liderada por la Universidad de Oxford y publicada en Nature Reviews Biodiversity analiza las posibilidades y limitaciones de la teledetección para estudiar la evolución de los ecosistemas.

El desafío de medir la biodiversidad mundial

El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece 23 metas que los países deben alcanzar antes de 2030. Comprobar los avances resulta complicado en selvas remotas y territorios donde obtener información exige grandes inversiones, personal especializado y largos desplazamientos.

Los bosques tropicales concentran una parte considerable de la biodiversidad del planeta, pero también están expuestos a los efectos del cambio climático, las sequías, los incendios y la transformación del suelo.

Por eso, no basta con calcular la superficie forestal que permanece en pie. También es necesario conocer la capacidad de los ecosistemas para resistir fenómenos extremos, recuperarse de las perturbaciones y adaptarse a nuevas condiciones ambientales.

¿Qué pueden detectar los satélites?

Los satélites no identifican individualmente cada árbol, ave o insecto. Sus sensores registran señales de la superficie que permiten estimar características como la altura y densidad de la vegetación, la biomasa, la temperatura y algunos procesos vinculados con la actividad de los ecosistemas.

Las imágenes multiespectrales, térmicas e hiperespectrales captan información invisible para el ojo humano. Por su parte, tecnologías como el radar y el LiDAR aportan datos sobre la estructura vertical de los bosques.

El LiDAR emite pulsos de luz y mide el tiempo que tardan en regresar para reconstruir el perfil de la vegetación. Otros instrumentos detectan señales relacionadas con la fotosíntesis, como la fluorescencia inducida por el Sol.

La combinación de estas mediciones funciona como una evaluación de las constantes vitales del ecosistema y permite aproximarse a determinados aspectos de su diversidad funcional y taxonómica.

Los límites de la vigilancia desde el espacio

La principal limitación es que un bosque puede conservar un dosel aparentemente saludable mientras pierde especies o modifica profundamente su composición.

Los sensores actuales todavía tienen dificultades para detectar el recambio de especies, la reorganización funcional después de una perturbación, la historia evolutiva de las comunidades y la diversidad genética.

Además, dos parcelas forestales pueden presentar características similares en una imagen satelital y, al mismo tiempo, albergar comunidades biológicas completamente diferentes.

Los resultados también dependen de la resolución de las imágenes, el tipo de sensor utilizado, la escala del análisis y la disponibilidad de observaciones suficientes para evitar interpretaciones sesgadas.

El trabajo de campo continúa siendo indispensable

Jesús Aguirre-Gutiérrez, profesor asociado del Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford y principal responsable de la revisión, afirmó que la teledetección está transformando la observación de la biodiversidad y los cambios de los ecosistemas a gran escala.

Sin embargo, para identificar las especies presentes, analizar las transformaciones de las comunidades y estudiar la diversidad genética siguen siendo necesarios los inventarios ecológicos y las mediciones sobre el terreno.

Los datos recogidos directamente en los ecosistemas también permiten calibrar y validar la información obtenida mediante satélites, drones y aeronaves.

Sin esta comprobación, determinados cambios de color, temperatura o estructura podrían interpretarse de manera incorrecta.

Nuevos sensores mejorarán la detección de cambios ambientales

Las próximas misiones satelitales ampliarán la capacidad para vigilar los ecosistemas mediante mejoras en las imágenes hiperespectrales, el LiDAR y el radar.

La integración de información procedente de satélites, aviones, drones y estudios de campo permitirá detectar con mayor rapidez la pérdida de biomasa o las alteraciones en el funcionamiento de los bosques.

Esta información puede ayudar a los gobiernos a elaborar mapas más consistentes, identificar zonas vulnerables y decidir dónde deben concentrarse los equipos científicos y los recursos de conservación.

Los investigadores concluyen que los satélites pueden convertirse en una herramienta decisiva para cumplir las metas mundiales de biodiversidad, siempre que sus mediciones se complementen con las observaciones realizadas por científicos y comunidades locales.

AN
AutoNews24 · Asistente IA En línea
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