
Durante los últimos años, buena parte de las inversiones se concentraron en ampliar la capacidad eólica y solar. Ahora, el reto consiste en transportar esa electricidad, integrarla eficientemente y hacerla llegar hasta una demanda en crecimiento.
La falta de capacidad de acceso y conexión ya retrasa proyectos industriales, sistemas de almacenamiento y nuevos puntos de recarga en distintas regiones. Esto convierte a la red en uno de los principales factores limitantes para la descarbonización y la competitividad industrial.
Además, las ampliaciones requieren largos procesos de planificación, autorización y construcción. Por esa razón, las inversiones deberán adelantarse a las necesidades futuras y no comenzar únicamente cuando aparezcan las congestiones.
Las redes de distribución asumirán un papel activo
Las redes de distribución deberán recibir vehículos eléctricos, bombas de calor, baterías, autoconsumo, comunidades energéticas y nuevos consumos industriales.
Estas infraestructuras fueron diseñadas originalmente para transportar electricidad en una sola dirección. Sin embargo, el nuevo sistema funcionará de manera bidireccional, con millones de usuarios capaces de consumir, producir, almacenar e inyectar energía.
La adaptación requerirá nuevas líneas y subestaciones, además de sistemas de automatización, medición avanzada y monitorización en tiempo real. La digitalización permitirá anticipar congestiones y aprovechar mejor la capacidad disponible.
Una infraestructura estratégica para la industria
Los grandes parques solares y eólicos suelen instalarse lejos de los principales centros urbanos e industriales. Por ello, la red de transporte deberá conectar las zonas con mejores recursos renovables con los lugares donde se concentra el consumo.
También tendrá que integrar centros de datos, plantas de hidrógeno verde, almacenamiento a gran escala y la electrificación del transporte.
Si las renovables avanzan sin una ampliación paralela de la red, aumentarán las restricciones a la generación y los vertidos de energía. La capacidad eléctrica se convertirá así en un elemento decisivo para atraer inversiones y desarrollar nuevos polos industriales.
Europa necesita más interconexiones
Las interconexiones permiten intercambiar electricidad entre países y aprovechar la complementariedad de la producción solar, eólica e hidroeléctrica.
Una mayor capacidad de intercambio ayudaría a equilibrar la oferta y la demanda, reducir los vertidos renovables y limitar los episodios de precios extremos. También facilitaría una integración más profunda de los mercados eléctricos europeos.
Este desafío resulta especialmente importante para España y Portugal. La península ibérica cuenta con condiciones favorables para producir electricidad renovable y combustibles verdes, pero una interconexión insuficiente podría mantener parte de esa energía confinada en el mercado ibérico.
Almacenamiento y flexibilidad no sustituyen a la red
Las baterías pueden trasladar la energía desde las horas de mayor producción renovable hasta los períodos de mayor demanda. La gestión activa del consumo también permite adaptar determinadas actividades a la disponibilidad del sistema.
Estas herramientas pueden reducir congestiones y aplazar algunas inversiones, pero no eliminan la necesidad de construir nuevas líneas, subestaciones e interconexiones.
El crecimiento estructural de la generación renovable y de la demanda electrificada obligará a combinar almacenamiento, flexibilidad y ampliación de las infraestructuras.
Planificación para anticipar la nueva demanda
La red eléctrica debe planificarse con una visión de largo plazo. Entre la identificación de una necesidad y la puesta en marcha de una nueva instalación pueden transcurrir varios años.
Será necesario prever dónde se ubicará la generación renovable, qué sectores aumentarán su consumo y en qué regiones surgirán nuevos centros industriales.
En este proceso, las previsiones de demanda, producción renovable y precios eléctricos serán fundamentales para dimensionar las inversiones y facilitar su financiación.
AleaSoft Energy Forecasting ofrece este tipo de análisis a operadores, distribuidoras, empresas energéticas, desarrolladores, inversores y grandes consumidores. Su división AleaGreen también elabora previsiones de precios a largo plazo utilizadas para evaluar proyectos renovables, contratos PPA e inversiones vinculadas a la electrificación y el refuerzo de las redes.
La generación renovable aporta la energía y la electrificación permite utilizarla, pero será la capacidad de la red la que determine si ambas pueden coincidir en el lugar y el momento necesarios.
