Los inventarios mundiales de petróleo continúan reduciéndose para contener el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los precios del crudo.
Desde el comienzo de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, el mercado ha recurrido a las reservas comerciales y estratégicas para compensar la fuerte disminución de los suministros procedentes del golfo Pérsico.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) confirmó que sus países miembros acordaron liberar 400 millones de barriles de sus reservas de emergencia, la mayor operación coordinada de su historia. Estados Unidos autorizó la salida de 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica de Petróleo.
Además, la AIE señaló que las pérdidas acumuladas de suministro en Oriente Medio superaron los 1.300 millones de barriles. Antes del conflicto, alrededor de 20 millones de barriles diarios atravesaban el estrecho de Ormuz.
La reserva estratégica de Estados Unidos se acerca a mínimos históricos
La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos se encuentra alrededor de los 290 millones de barriles, uno de sus niveles más bajos desde 1982, según estimaciones de firmas de análisis financiero.
La caída responde a la decisión de Washington de utilizar sus reservas para amortiguar la falta de suministros y evitar una subida descontrolada de los combustibles durante la primera etapa de la crisis.
En abril, la Administración de Información Energética estadounidense informó que la reserva todavía almacenaba 397,9 millones de barriles. Las liberaciones posteriores explican su rápida reducción.
Para Joaquín Robles, analista de Banco BiG, los gobiernos recurrieron a estos inventarios con el objetivo de contener los precios mientras se reorganizaban los flujos internacionales de petróleo.
El estancamiento de la demanda contiene al Brent
Después de más de seis meses de conflicto, el transporte de petróleo por el estrecho de Ormuz permanece severamente restringido.
La disminución de la oferta ha sido compensada parcialmente por el débil crecimiento de la demanda mundial. Esta combinación ha permitido que el precio del Brent se mantenga entre 85 y 90 dólares por barril.
La cotización permanece lejos de los 120 dólares alcanzados al comienzo de la guerra, cuando los mercados comenzaron a valorar el escenario de una interrupción prolongada de los suministros.
No obstante, esta aparente estabilización esconde una pérdida acelerada de las reservas disponibles para responder a nuevas emergencias.
El colchón de seguridad del mercado se agota
Antonio Castelo, analista de iBroker, advierte que el principal problema no es una escasez inmediata de petróleo, sino la rápida erosión del colchón de seguridad formado por las reservas comerciales y estratégicas.
La disminución de estos inventarios deja al mercado con menos capacidad para responder a nuevos ataques contra instalaciones petroleras, refinerías o buques cisterna.
Como consecuencia, cualquier interrupción adicional podría provocar una reacción mucho más fuerte en los mercados de futuros y acelerar nuevamente los precios.
La tensión también se extiende a productos refinados como el diésel y el combustible de aviación. Los márgenes de refino han aumentado debido a los daños sufridos por algunas instalaciones del golfo Pérsico y Rusia.
¿Hasta dónde puede subir el precio del Brent?
Los analistas consideran que el Brent mantendrá una elevada prima de riesgo a corto plazo. Su evolución dependerá de las operaciones militares, las amenazas contra la infraestructura energética y los avances diplomáticos.
Si las negociaciones permiten reabrir el estrecho de Ormuz, el precio podría retroceder hasta un rango de entre 60 y 70 dólares durante los próximos tres a seis meses.
Por el contrario, una escalada del conflicto combinada con la recuperación de la demanda mundial podría impulsar nuevamente el Brent por encima de los 100 dólares e incluso acercarlo a los 110 dólares.
Este escenario reactivaría las presiones inflacionistas. También podría obligar a los principales bancos centrales a mantener elevados los tipos de interés durante más tiempo, con consecuencias negativas para el crecimiento económico mundial.
El petróleo venezolano surge como solución a medio plazo
La caída de las reservas ha aumentado la importancia del acercamiento petrolero entre Estados Unidos y Venezuela.
Washington ya había anunciado un acuerdo para recibir entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano sancionado. También flexibilizó determinadas restricciones para permitir el transporte y la comercialización del crudo a través de canales autorizados.
Un acuerdo más amplio busca facilitar inversiones y licencias de exploración y producción sobre una parte de las reservas venezolanas. El objetivo sería recuperar una industria afectada por décadas de desinversión, deterioro operativo y pérdida de capacidad productiva.
Para Robles, el petróleo venezolano ofrecería a Estados Unidos una fuente de suministro geográficamente cercana y reduciría su exposición a los cuellos de botella de Oriente Medio.
Sin embargo, sus efectos no serán inmediatos. El crudo venezolano es mayoritariamente pesado y necesita diluyentes, instalaciones especializadas y refinerías capaces de procesarlo.
La recuperación también dependerá de inversiones multimillonarias, seguridad jurídica y mejoras sustanciales en la infraestructura petrolera.
Dos crisis que avanzan a velocidades diferentes
Castelo resume el escenario mediante “dos relojes” que avanzan a velocidades distintas.
El primero es el del mercado, que consume rápidamente sus inventarios para mantener el suministro diario y evitar una subida más intensa de los precios.
El segundo es el de la industria venezolana, que necesitará varios años para transformar sus enormes reservas en producción adicional capaz de llegar de forma constante al mercado estadounidense.
El petróleo venezolano puede convertirse en una pieza estratégica para Washington, pero difícilmente resolverá la presión inmediata sobre los inventarios.
Mientras el estrecho de Ormuz permanezca restringido, el mercado continuará dependiendo de unas reservas cada vez menores y quedará más expuesto a cualquier nueva interrupción del suministro.
