
La anunciada alianza petrolera entre Estados Unidos y Venezuela ha provocado fuertes cuestionamientos políticos, jurídicos y éticos. Para el geólogo y exdirectivo de Petróleos de Venezuela (PDVSA) Gustavo Coronel, el acuerdo representa un atropello contra la soberanía nacional.
En este artículo de opinión, Coronel expone las razones por las que considera ilegítimo el entendimiento atribuido al Gobierno de Donald Trump y a la administración de Delcy Rodríguez.
Una alianza entre delincuentes
Lo que pudo haber sido una bella página para la democracia mundial —el rescate de Venezuela de manos de una organización criminal y la instalación de un gobierno libre y democrático— se ha convertido en un sórdido intento de someter a un país débil e indefenso.
Esta situación es promovida por una presidencia estadounidense rapaz e indigna de la tradición democrática de Estados Unidos.
Digo esto por el atropello que se estaría cometiendo actualmente contra Venezuela.
Un acuerdo sobre 65.000 millones de barriles
Se ha anunciado una alianza petrolera entre el Gobierno de Donald Trump y la administración ilegítima de Delcy Rodríguez, protegida por Estados Unidos.
El acuerdo permitiría a la parte estadounidense controlar de forma exclusiva unos 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano depositados en el subsuelo. Esos recursos serían producidos para Estados Unidos mediante una compañía denominada North American Blue Energy Partners (NABEP).
Donald Trump ha hablado de un contrato con una duración de 100 años. Delcy Rodríguez, en cambio, sostiene que serían 25 años. No se trata precisamente de una diferencia menor.
No es necesario esperar a conocer todos los detalles técnicos, financieros y legales para considerar esta alianza inválida, ilegítima y contraria a los intereses de Venezuela.
Un convenio suscrito con un régimen ilegítimo
El Gobierno estadounidense conoce que la administración que actualmente controla Venezuela carece de legitimidad democrática. Las propias autoridades estadounidenses lo han afirmado en diferentes oportunidades.
Un gobierno que pretenda actuar con seriedad no debería contratar con una administración señalada por graves violaciones y cuyos principales representantes se encuentran sometidos a sanciones internacionales, incluidas las de Estados Unidos.
Además, Donald Trump ejerce una influencia determinante sobre la actual administración venezolana. En esas condiciones, no puede hablarse de un acuerdo verdadero entre dos partes independientes.
No existen realmente dos voces. Es Trump hablándose a sí mismo frente a un espejo.
La Constitución venezolana y la soberanía petrolera
Al presentar esta operación como un convenio entre dos naciones, el Gobierno de Donald Trump desconoce las disposiciones de la Constitución venezolana.
La legislación nacional impide la enajenación de los recursos del país y exige que los contratos de interés público nacional sean aprobados por el Poder Legislativo. Actualmente, Venezuela no cuenta con un Congreso legítimo capaz de autorizar un compromiso de esta magnitud.
Un acuerdo de estas características no debería negociarse a espaldas de los venezolanos. Ellos son los propietarios legítimos de los recursos y los interlocutores válidos de cualquier nación extranjera.
Resulta inaceptable que Venezuela quede comprometida durante 100 años por un contrato firmado con una administración carente de legitimidad. Una decisión semejante condicionaría el uso soberano de los recursos petroleros e influiría directamente sobre varias generaciones.
Cuestionamientos sobre la empresa involucrada
También resulta preocupante que la empresa seleccionada para participar en la alianza esté presuntamente vinculada con Alejandro Betancourt López y con un organismo relacionado con las Fuerzas Armadas estadounidenses.
La posible participación de instituciones militares estadounidenses en una compañía asociada con empresarios venezolanos cuestionados representa una señal de deterioro ético dentro de la democracia de ese país.
No es aceptable que una empresa con semejantes señalamientos se convierta en la contraparte de Venezuela para administrar recursos estratégicos durante décadas.
Venezuela no puede discutir el acuerdo de rodillas
Por estas y otras razones, los venezolanos deben rechazar firmemente este intento de apropiación de los recursos nacionales.
Preocupa escuchar a quienes sostienen que es necesario esperar todos los detalles antes de evaluar su conveniencia. Piden calma y prudencia. Sin embargo, quienes comienzan a debatir únicamente los aspectos técnicos del convenio ya han aceptado implícitamente su existencia.
El problema central no consiste en determinar si conviene desarrollar un bloque petrolero en lugar de otro, cuántos pozos deben perforarse o cuántos trabajadores venezolanos serán contratados.
Comenzar a discutir esos elementos significa aceptar la premisa del acuerdo.
Lo verdaderamente inaceptable es el convenio tal como ha sido planteado. También lo es la calidad moral de sus protagonistas y la posibilidad de que Venezuela sea tratada como un territorio cuyos recursos pueden repartirse sin consultar a sus ciudadanos.
Esta alianza constituye una bofetada contra la dignidad nacional y los principios éticos más elementales.
El hambre no puede justificar la pérdida de dignidad
Los venezolanos llevan muchos años con el estómago vacío. Por eso, la necesidad de mejorar sus condiciones de vida es enorme.
Comprendo que esa necesidad primaria, de la cual hablaba Abraham Maslow, debe ser atendida antes de discutir asuntos vinculados con la moral, los principios y el espíritu. Napoleón decía que un ejército marcha sobre su estómago.
Esto puede explicar parte de la tolerancia con la que el país recibe propuestas indecorosas. Sin embargo, también agrava la responsabilidad de Estados Unidos, porque estaría utilizando las necesidades de una población empobrecida para imponer condiciones contrarias a su dignidad.
Personalmente, me encuentro en una posición privilegiada para defender estos principios. A mi edad no tengo ambiciones de poder ni de riqueza. Mis hijos se ocupan de que tenga pan sobre la mesa y un techo sobre mi cabeza.
Puedo darme el lujo de pensar con el alma porque tengo el estómago satisfecho. Quizás sea demasiado pedirles lo mismo a compatriotas que no han tenido esa suerte.
No obstante, una nación que actúe únicamente por las necesidades de su estómago, olvidando su alma y sus principios, está destinada a convertirse en esclava.
La verdadera grandeza de una nación
Cuando hablo de grandeza no me refiero a convertirse en una potencia, como pretendía Hugo Chávez o como pretende el actual ocupante de la Casa Blanca.
Hablo de grandeza moral, espíritu democrático, principios, comportamiento civilizado y buena ciudadanía. Esa es la verdadera fortaleza de una nación, no la de las estatuas doradas ni la de las alianzas construidas con personajes cuestionados.
Estoy en pie de lucha ciudadana contra esta alianza y contra quienes la promueven. Sus responsables han deshonrado su condición de líderes al escoger los atajos del enriquecimiento personal y el abuso de poder.
Artículo de opinión de Gustavo Coronel. Las afirmaciones y valoraciones expresadas pertenecen exclusivamente a su autor y no representan necesariamente la posición editorial de Oil News 24.
Sobre el autor
Gustavo Coronel nació en Catia, Caracas, el 23 de agosto de 1933. Estudió Geología en Tulsa, Oklahoma, y posteriormente trabajó para Shell en Maracaibo.
A lo largo de su trayectoria ha sido geólogo, gerente petrolero, integrante de la primera junta directiva de PDVSA, investigador académico en Harvard y ejecutivo de diferentes instituciones públicas venezolanas.
También fue director general de la Corporación Venezolana de Guayana, presidente del Puerto de Puerto Cabello, director de Planificación del estado Carabobo y diputado al Congreso Nacional en 1999.
En 1990 fundó la organización no gubernamental Pro Calidad de Vida. Desde 2003 reside en Estados Unidos.
